Hay viviendas que no se adaptan a una vida concreta, sino que están preparadas para acompañar muchas. Esta propiedad de seis habitaciones y seis baños pertenece a esa categoría poco común: la de los espacios que entienden el ritmo de quienes los habitan.
Desde el primer momento, la sensación es de equilibrio. La distribución es clara, fluida y sin excesos, permitiendo que la casa respire y que cada estancia conserve su propia identidad. Las seis habitaciones, todas con baño en suite, funcionan como ámbitos privados y bien definidos, pensados para ofrecer silencio, descanso y autonomía. No hay espacios impuestos ni soluciones improvisadas; cada dormitorio tiene un propósito y una presencia real dentro del conjunto.
Las zonas comunes actúan como punto de encuentro natural. Son amplias, luminosas y abiertas, pero sin perder intimidad. Espacios que invitan a compartir sin obligar, donde es posible convivir, recibir visitas, trabajar desde casa o simplemente bajar el ritmo del día a día. La luz natural acompaña la vivienda a lo largo de la jornada, transformando los ambientes y marcando distintos momentos según la hora.
Se trata de una propiedad versátil, capaz de adaptarse a una familia numerosa, a un proyecto residencial con carácter propio o a quienes buscan amplitud bien pensada, más allá de los metros. Todo transmite una sensación difícil de encontrar: la de estar en un lugar coherente, sólido y preparado para evolucionar con el tiempo. Una vivienda que no necesita presentarse, porque se explica sola.