Este piso de siete habitaciones y siete baños no busca impresionar con cifras, sino con sensaciones. Es una vivienda pensada para quienes valoran el espacio bien entendido y desean experimentar la vida en el centro desde una perspectiva cómoda y auténtica. Resulta especialmente adecuada para estudiantes y extranjeros que buscan algo más que un alojamiento: un lugar donde sentirse realmente en casa.
La distribución fluye con absoluta naturalidad, permitiendo que cada estancia tenga su propio ritmo y su propia intimidad. Las siete habitaciones funcionan como pequeños refugios personales, todas con baño en suite, concebidas para ofrecer descanso, silencio y privacidad real. No existen jerarquías forzadas ni espacios secundarios: cada dormitorio tiene identidad propia, como si la vivienda entendiera que cada persona necesita su lugar y su equilibrio.
Las zonas comunes invitan a compartir sin imponerse. Los espacios se abren de manera serena, con una elegancia discreta que no necesita explicaciones ni artificios. La luz natural acompaña la vivienda durante todo el día, transformándola y creando distintas atmósferas según la hora, desde mañanas activas hasta tardes más pausadas.
Aquí se puede vivir en grande, recibir, trabajar desde casa o simplemente desconectar del exterior sin renunciar a estar en el corazón de la ciudad. Es una propiedad que se adapta a muchas formas de vida: una familia numerosa, un proyecto residencial con identidad propia o quienes buscan amplitud real, no solo metros. Más que excepcional por su tamaño, lo es por su manera de entender el espacio: una vivienda que no se exhibe, pero permanece en la memoria.